Erase que se era, por Carabanchel la Mayor Fiera,
alimaña de cruentas intenciones que se dedicaba a tocar los cojones.
Sonriente y feliz acosaba a sus presas, engatusándolas con falsas promesas,
"venid conmigo que yo os abrigo y donde dije Diego ya no digo".
La Mayor Fiera arrinconó a los chiquillos y en aquel cuarto afiló sus colmillos,
mas no se lanzó a sus yugulares sino engañó con sus malos modales.
"No saqueis las carteras", susurró con voz de ternera
pero sus ojos estaban rojos de ira y de mentira.
Los muchachos salieron cantando, ay que ver lo que nos estan cuidando,
sin imaginar que con premura se avecinaban nubes oscuras.
Como el susurro de cuando habló con el teniente Contreras Curro,
de voz en voz llegó la coz,
la Mayor Fiera ponía precio a sus caricias con su desprecio,
mas los muchachos no se callaron y en sus trece alli se plantaron.
"No es por dinero es por dignidad, por lo que usted deberia callar" aclamaron los chiquillos empuñando sus cuchillos,
"callad malditos vellacos, vaya una mierda de primeraco!!!" respondió con autoridad demostrando su gran maldad.
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Y colorín colorado la historia no ha terminado,
pues aun por los despachos... la Mayor Fiera maldice a los muchachos.

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